La arquitectura del Teatro Colón y los italianos

Irma Arestizábal

Desde finales del siglo XIX arquitectos, maestros de obra y albañiles italianos, importando, adaptando y creando técnicas y materiales, dieron un nuevo perfil a muchas ciudades Latinoamericanas como, por ejemplo, Sao Paulo y Buenos Aires que adquieren una fisonomía particular con los nuevos edificios y monumentos y con las casas chorizo y el ladrillo a la vista.

Entre ellos se destaca Francesco Tamburini quien con sus diversos proyectos, dio una determinada característica a la arquitectura publica argentina de la época. Además de Escuelas, Bancos y Hospitales, Tamburini trazo el perfil definitivo de la Casa de Gobierno con la explícita misión de presentar la nación y del Teatro Colon de Buenos Aires, la capital de un país que afirmaba su federalismo.

El vocabulario arquitectónico que Tamburini trajo de Italia y del que se sirvió para la mayoría de sus proyectos, sumado a la arquitectura que encuentra a su llegada a Argentina y que ve y ‘vive' durante los siete años que allí reside crea su propio idioma. Sus espacios y la ornamentación y decoración que utiliza crean un estilo que se mantendrá en vigencia hasta el afrancesamiento del interior de la Casa de Gobierno y del Teatro Colón.

En 1887 Tamburini proyecta el Nuevo Teatro para la ciudad de Córdoba, capital de provincia en la que, realiza un verdadero proyecto edilicio, pendant del que realiza para la Capital Federal. En la edición del 11 de febrero de 1887 del diario "El Interior" de Córdoba, se lee en artículo dedicado al Nuevo Teatro: "Se ha tomado por modelo el teatro mayor de Italia: es el célebre Scala de Milán que ha dado el tipo de tantos otros edificios semejantes".

Luego de 7 años de trabajar intensamente en obras públicas Tamburini optó por convertirse en profesional independiente. Renuncio a su puesto como empleado del Estado Nacional en un momento muy especial. La participación en un concurso, casi ganado de antemano, para la realización del proyecto del máximo templo de la música y la lírica: el Teatro Colón de Buenos Aires.

El anterior Teatro Colón estaba situado al norte de la Casa Rosada, frente a la Plaza de Mayo. También realizado por un italiano; el ingeniero Carlos Enrique Pellegrini (padre del futuro presidente de la República) quien llegara a Buenos Aires para realizar obras hidráulica pero, tal vez es mas conocido como el eximio dibujante que registró a todas las personalidades de la sociedad porteña

Pellegrini cuidó personalmente de todos los detalles del teatro. Su capacidad estaba calculada para 2500 personas. La sala tenia 15 metros de ancho en su frente mínimo. Los palcos divididos en tres hileras, eran muy superiores a los de los antiguos teatros Coliseo y de la Victoria. Sobre los palcos altos se encontraba la "cazuela" destinada, según la antigua tradición española a la concurrencia femenina. El "paraíso" reservado exclusivamente para los hombres tenia entrada independiente por la calle Reconquista. La gran mayoría de las pinturas internas fue realizada por los italianos Cheronetti y Verazzi.

Después de algunas pruebas con bailes de Carnaval la inauguración oficial se llevo a cabo el 25 de abril de 1857 con La Traviata. Es demolido en el año 1889 para dar lugar al nuevo edificio del Banco Nación.

El nuevo Teatro Colon respondía a una iniciativa del Intendente Torcuato de Alvear quien tenía por objetivo la modernización de la Capital Federal. La directriz era de colocar la nueva sede en un lugar mas alejado del centro eligiéndose a tal efecto, una manzana de la antigua estación del Parque. El 11 de marzo de 1889 se abre la licitación a la que se presentan Camilo Bonetti, Francisco Astigueta y Angel Ferrari con trabajo preparado por Tamburini. La propuesta deslumbró pues,como comentaban los diarios de la época, "la sola perspectiva del teatro que tomaba dos de sus frentes, era ya un cuadro valioso por la ejecución de pincel". Un cuarto proyecto, el del ingeniero y arquitecto Juan Tosi, que viene a sumarse con algún atraso contemplaba algo que Tamburini había descuidado: una sala con teléfonos y además, telégrafo para periodistas. Pero nada logra superar el esfuerzo de Ferrari y el proyecto que presenta es el vencedor.

El proyecto de Tamburini respondía a la tipología de sala en herradura de los teatros de opera alla italiana, aunque las dimensiones de los halls y vestíbulos se acercan mas al modelo francés de la opera de Garnier. En el proyecto Tamburini previó, también, algunas soluciones para el acceso directo de carruajes- a través de una calle interior, hoy de uso pedonal- así como una mayor dimensión y cantidad de los palcos, cuya compra anticipada por los miembros de la elite social porteña, permitió financiar la construcción.

A la sorpresiva muerte de Tamburini, en medio de la dramática crisis política y económica de 1890, todos sus proyectos quedaron parcialmente demorados como todas las obras públicas.

Algunos, como el Teatro Colón, fueron continuados por Víctor Meano, su colaborador mas directo también nativo de Ancona, pero otros fueron aparentemente, asumidos por Juan Antonio Buschiazzo.(italiano, padre del gran historiador de la arquitectura y creador del Instituto de Historia de la Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, Mario Buschiazzo).

Meano y, posteriormente, su sucesor, Julio Dormal, asumieron la continuidad del proyecto y construcción de la obra pero se vieron sometidos a hacerse cargo también de un pesado legado: salir del cruce del fuerte intercambio de intereses- entre gobierno municipal y nacional- y de las criticas a todos los aspectos del proyecto y construcción, durante los veinte años que duró su ejecución.

Los cuestionamientos fueron sistemáticos, sostenidos en el tiempo y contra todos los aspectos posibles: el sitio, las dimensiones del terreno elegido, el partido adoptado, los estilos aplicados, la resolución técnica, la actuación de la Municipalidad, hasta correr el riesgo de ser demolido en plena construcción. Hacia fines de 1899 el ingeniero-arquitecto Juan Buschiazzo -quien había sido director de obras de la municipalidad de Buenos Aires durante la intendencia de Torcuato de Alvear y fundador y posteriormente Presidente de la Sociedad Central de Arquitectos- llevo adelante una campaña por la demolición por motivos estéticos y por la ubicación en relación a la plaza Lavalle, pues no quedaba ubicado en escorzo respecto de los posibles ejes principales que organizan las visuales.

Víctor Meano salió a defender la memoria de su maestro y decía "El señor Buschiazzo me hablo de su proyecto demoledor insinuándome que si lo llevaba a cabo me encargaría el levantamiento de nuevos planos o modificaciones de los antiguos y tuve el honor de manifestarle que estos son de tal naturaleza, tan completos, responden con tal exactitud al objeto, que me creía incompetente para mejorarlos". [Nota]

La polémica ocupo periódicamente páginas de la Revista Técnica y posteriormente Arquitectura, así como artículos en los diarios. Recordamos uno de Víctor Meano "El nuevo Teatro Colón", en Revista Técnica n 96, enero de 1900, y otro muy incisivo de Telémaco Susini, "Defectos del nuevo edificio del Teatro Colón" en Arquitectura, n 6, julio 1904 quien escribía que el teatro estaba "reñido con todas las reglas de la estética cuando debe ser modelo porque es un edificio publico, oficial, que cuesta varios millones (y en cambio) no ha sido otra cosa en su origen que el producto de una empresa de lucro y de especulación que poco se ha tenido absolutamente en cuenta la seguridad de los concurrentes⤠que debió haber sido calculada al abrigo de objeciones fundamentalesâ¤"

Estos diversos vaivenes y la muerte de Ferrari retrasaron las obras. La salida encontrada fue la munipalización. En 1900 Buschiazzo presenta un nuevo proyecto que propone un teatro menor, Meano continua con el de Tamburini (con sus modificaciones). La obra es encargada a Meano. Gana la licitación la empresa constructora Pellizari e Italo Armellini. Para realizar la mayoría de las esculturas y relieves es contratado el italiano Luis Trinchero.

El 1 de junio de 1904 Buenos Aires se conmueve con la noticia: en su domicilio de Rodríguez Peña 30 ha sido asesinado Víctor Meano. Tenia 44 años, en sus manos estaban en esos momentos dos de los edificios más importantes que se levantaban en aquel Buenos Aires de principios de siglo: el Teatro Colón y el palacio del Congreso de la Nación.

La construcción del Teatro Colón entra entonces en el ultimo capítulo de su accidentada historia y será el ingeniero y arquitecto Julio Dormal , de origen belga, quien lo termina aumentando las obras de ornato y confort.

El 25 de mayo de 1908 el Colón abre sus puertas. Pese a los años transcurridos y a las modificaciones realizadas por Víctor Meano y Julio Dormal - respecto del tratamiento de fachadas y decoración interior fundamentalmente el Teatro Colón mantuvo en gran parte su espíritu inicial.

Nota

A Víctor Meano debemos uno de los más completos documentos sobre la construcción del teatro. En efecto en 1892 la Editorial Kraft publica una importante edición bajo el titulo de El Nuevo Teatro Colon/Buenos Aires/Angel Ferrari concesionario/ Planos definitivos aprobados por el Superior Gobierno con/ Decreto de fecha 10 de setiembre de 1892. Especificaciones/ Detalles de construcción y de ornamentación/ Víctor Meano-Arquitecto/ Buenos Aires, Kraft, 1892.09.07.2003